
Un lugar para fundar… SALAMANCA
El 6 de diciembre de 1871 Juana Josefa, el padre Herranz y tres compañeras (Gertrudis García, Petra Piernavieja y Cipriana Vihuela) comenzaron su viaje en carro de Valladolid a Salamanca, con solo 500 pesetas, y haciendo noche en Zamora. Durmieron en el convento de las Claras: un alto en el camino, un descanso para preparar también el corazón. Al día siguiente, tras muchas horas de camino y 72 kilómetros, llegaron a Salamanca al atardecer. Entraron por la Puerta de Zamora, donde los monarcas juraban respetar los privilegios de la ciudad antes de atravesarla.
El punto de encuentro fue la Plaza Mayor. Allí les esperaban el padre Bombardó, doña Jacoba y Emilia Torrecilla, además de un joven muy servicial que solía acompañar a los jesuitas: Sandalio García Alcalde.

Casa de San José
De la Plaza Mayor fueron a la Iglesia de la Clerecía, un lugar muy especial para orar aquella tarde. La madre Cándida tuvo un encuentro con Jesús, íntimo y breve, para dar gracias y disponerse toda para Él.
Ya de noche llegaron a la Casa de San José, donde tenían alquiladas unas habitaciones para comenzar la Congregación de las Hijas de Jesús. Probablemente, Juana Josefa besó emocionada las paredes diciendo: “Aquí mi paz, aquí mi descanso para siempre”.
La tarde del 8 de diciembre de 1871 tuvieron una sencilla celebración de comienzo en una capilla improvisada. Desde el principio tuvieron muy claro que no era mérito de ellas, sino de Dios. Así se lo hizo saber también el padre Herranz: “Sois pocas en número y en calidad todavía menos, según los juicios del mundo, no importa. La obra no es vuestra, es de Dios (…), y llegaréis a ser una Congregación de unión, de amor, de verdadero y fructífero apostolado, llevando por estrella de vuestros caminos a María Inmaculada”.

Iglesia de la Clerecía
Aquel 8 de diciembre de 1871, fiesta de la Inmaculada, la madre Cándida y sus cuatro compañeras fueron camino de la Iglesia de la Clerecía pasando por delante del Obispado y por la Plaza de la Universidad. Justamente ella, sin apenas saber leer y escribir en castellano, se deja guiar por Dios fundando una Congregación religiosa dedicada a la educación en una de las ciudades más cultas y con una de las universidades más prestigiosas.
Esto había sido ya objeto de risas y burlas cuando en Valladolid el padre Herranz se fio de Dios y también creyó en su pequeñez y disponibilidad a lo que Dios le inspiraba a la madre Cándida. Ante la mirada burlona de sus parientes y amigos, él callaba, sonreía, y a veces les decía: “Ya veréis lo que ésta vale”.
Camino de la Clerecía para celebrar la Eucaristía, aquel frío y nevado diciembre, al pasar por esta puerta de la prestigiosa Universidad de Salamanca, ¿recordaría? y ¡qué pensaría…! ¡Bendita desproporción!: “Sola nada, pero con Dios, todo lo puedo”. Las cinco jóvenes van deprisa, atentas sólo a aquella llamada íntima que va a ser ya respuesta.
El padre Herranz presidió en el altar lateral dedicado a San Ignacio de Loyola, con reposo para hablar en silencio a la Virgen, del proyecto que iba a comenzar, y poner en sus manos su consagración para que Ella la presentara a Jesús…
“Quien te dio el deseo, te dará el poder y la gracia si eres fiel a mi llamamiento”.
Palacio de Montellano
En este palacio se abrió en 1877 el primer colegio de la Congregación y aquí la madre Cándida vive sus últimos días. El torreón es testigo de una escritura muy especial: la de las Constituciones de las Hijas de Jesús; el documento que recoge la forma de seguimiento a Jesús; de vida, misión, organización… Montellano fue un antiguo convento trinitario y, actualmente, es uno de los dos Colegios Mayores que las Hijas de Jesús tienen en España.
Aquí se presentó la madre Cándida el 5 de agosto para felicitar a la superiora, que era su cumpleaños. Quería compartir con aquella comunidad la alegría de la fiesta. Pero, de repente, se sintió mal y consciente de todo, conservó la paz hasta el final. El 9 de agosto de 1912, la fundadora fallecía “tranquilísimamente tranquila” en este lugar.

Casa de la concordia
En esta casa las primeras Hijas de Jesús emitieron sus primeros votos en 1873. Para la madre Cándida sería la expresión “oficial” concretada, encarnada… del “Yo solo para Dios” que pronunció en su adolescencia y que dinamizó en ella todo un proceso de discernimiento, búsqueda, apertura, confirmación, entrega…
En la casa de la Concordia comenzaron pronto las primeras clases y también la escuela dominical. A la madre Cándida le urgía hacer realidad aquello para lo que habían nacido: “Mi gozo es que vengan muchas niñas a nuestros colegios y ayudar a que crezca la fe en su corazón”.
Convento de los Mostenses
Este edificio pertenecía a los Marqueses de Castellanos y fue noviciado de las Hijas de Jesús. Un lugar de silencio adecuado para la oración, el estudio y el camino interior que necesitaban recorrer las primeras religiosas para servir a los demás.
La madre Cándida, que vivió aquí entre 1899 y 1912, se siente dichosa por todo: la fundación de varios colegios, la incorporación de muchas jóvenes al noviciado, la aprobación definitiva de las Constituciones… Aunque en medio también de mucha pobreza y dificultades.
Aquí es testigo de la expansión misionera a Brasil en 1911 y, desde la ventana, cada noche bendecía a las Hijas de Jesús del otro lado del océano, con el deseo que también le embargaba: “Al fin del mundo iría yo en busca de almas”.

Jardines de Santa Candida
Estos jardines fueron inaugurados el 31 de mayo de 2011, primer mes de mayo tras su canonización. Aquí encontramos la imagen de la madre Cándida, dirigida a la ciudad de Salamanca, acogiéndola, velando por ella, queriéndola… Desde los jardines observa la hermosa ciudad, con su majestuosa catedral, que se levanta invitándonos a elevar nuestra mirada y nuestro corazón. Nos recuerda que Dios es Padre que de todos cuida.