Tolosa

Debido a las dificultades económicas que atravesaba la familia Cipitria y Barriola, deciden marcharse de Andoain en busca de un futuro mejor. En este momento Juanitatxo tenía solo siete años, pero estaba dispuesta a colaborar, con esfuerzo, en todo lo que fuera necesario. Así, el 5 de agosto de 1852, se trasladó con sus padres y hermanas, en un carro tirado por animales, a la Villa de Tolosa, situada a 15 kilómetros de su pueblo natal.

Al principio, Juanitatxo se sentía perdida, pero pronto se fue situando. Poco a poco fue conociendo a otros niños, descubriendo nuevas calles y acudiendo a las fiestas y mercados que se organizaban en el pueblo. Los cinco miembros que por entonces formaban la familia se integraban cada vez más en este nuevo ambiente.

Calle Santa María, 7

Juanitatxo y su familia se alojaban aquí, en una vivienda que compartían con otras dos familias. Su padre continuaba ejerciendo el oficio de tejedor y su madre, dado que la familia no paraba de crecer, estaba cada vez más centrada en el cuidado de la casa y de sus hijas. Tal y como recoge el censo de Tolosa, en 1854 el matrimonio tenía cinco hijas: Juana Josefa (9 años), Josefa Ignacia (8
años), María Josefa (4 años), Francisca Sotera (2 años) y María Francisca Victoriana (4 meses).

Calle Cuartel, 2

En el censo de 1857 consta que la familia Cipitria Barriola se mudó a la calle Cuartel 2, piso 2º, situada detrás de la Iglesia de los Franciscanos.

A Juanitatxo, en muy poco tiempo, le tocó lidiar con el dolor de la muerte de dos hermanas pequeñas: Josefa Ignacia y María Francisca Victoriana. Sin embargo, aprendió una importante lección que terminaría siéndole de gran utilidad en su futuro: hablar con Dios le ayudaba a sobrellevar su sufrimiento.

En este momento, el trabajo de su padre tampoco iba bien y su madre decidió ponerse a trabajar algunas horas en labores de limpieza. Mientras tanto, Juanitatxo se responsabilizaba del cuidado de sus hermanas pequeñas, sin poder acudir a la escuela.

Parroquia de Santa María

La iglesia de Santa María de Tolosa es una construcción realizada entre los siglos XVI-XVII. Tiene las características propias tanto del gótico como del renacimiento vasco, siendo una construcción que transita entre los dos estilos. Es la iglesia más grande de Gipuzkoa, después de la iglesia del Buen Pastor de San Sebastián. En ella ha tenido su sede el Archivo General de Gipuzkoa desde el siglo XVI hasta 1904. Por motivo de los distintos incendios que han afectado a la edificación, se puede apreciar un abanico de estilos artísticos en su interior, comenzando por el románico hasta el siglo XX.

Desde que llegaron a Tolosa, Juanitatxo frecuentaba esta parroquia, en torno a la que giraba la vida religiosa del pueblo. La monumental iglesia contaba en uno de los altares con una imagen que siempre le llamó mucho la atención: la escultura de San Ignacio sosteniendo su libro de las Constituciones. Cada vez que lo miraba, iba creciendo un gran deseo en su interior: “Santo mío, yo quiero hacer lo que dice ese libro”, sin saber cuánto le exigiría algún día la respuesta a esa oración…

A los diez años vivió un momento muy especial: recibió su primera comunión en esta misma parroquia, una experiencia que le fue de gran ayuda. En este lugar desarrolló también una profunda amistad con Don Martín Barriola, un sacerdote que le acompañaba en sus búsquedas.Yo solo para Dios
Pasaban los años y en el corazón de la joven Juana Josefa iba afianzándose un sentimiento que se gestaba desde hacía tiempo, pero que guardaba en secreto: sentía que Dios la quería para Él, pero no sabía ni el cómo ni el dónde. Era algo que no podía ni evitar, ni sacarse de la cabeza.
Cuando menos lo esperaba, no tuvo más remedio que confesar lo que le ocurría. Un joven de familia honrada y de buena posición económica sentía por Juana Josefa algo especial e hizo a sus padres la petición formal de matrimonio. Casarse con ese joven podría hacer que su familia prosperara, pero el deseo interior de comprometerse con Dios era más fuerte que el amor que le prometía el joven y el beneficio económico. Su respuesta fue contundente: “Yo solo para Dios”.

Colegio San José (1888)

En el verano de 1888, estando en San Sebastián con las hermanas Josefa González y Filomena Suárez, se le abrió el horizonte ante algo que llevaba tiempo rondando en su cabeza y sintiendo en su corazón: fundar en Tolosa un colegio para la educación cristiana. En medio de la dificultad, la motivación era tan fuerte que siempre prevalecía su valentía y fortaleza.

Cerca de la estación de tren de Tolosa encontró un palacio que pertenecía a la condesa de la Vega de Sella, rodeado por un amplio campo. Lo alquiló, lo adecuó y, tras unos arreglos de la casa, el 12 de octubre de 1888 la madre Cándida inauguró en ese lugar el Colegio San José en Tolosa. Sin embargo, sacar adelante la obra no fue nada fácil. Tan pronto aparecía una inesperada herencia o una limosna cuantiosa, como sobrevenían los impagos o la amenaza de retirar ayudas.

“Esta fundación me cuesta más que todas las demás juntas, pero en ella se dará mucha gloria a Dios. (…) Dios está con nosotras y nos defiende” (carta 15)